miércoles, 21 de mayo de 2008

No sólo palabras...



De tu visita constante al espejo tengo tu retrato, cuando la vanidad te asecha y la belleza te abraza de mañana en mañana al trinar de las aves. ¿Sabes? Siempre conmigo el latir de tu corazón, tus palabras de aliento y el arrollo de tu esencia. Con ello me dejas sin habla y arriesgas mi palabrería, la haces desvariar; desatina, resbala y cae a tu señal. Me queda nada más que amar.

Conozco tus ojos, sol en tu mirar, como tus manos a la luna bailar, vestida de azul en la noche que acaricia desencanto, desolación, vacío o dolor. A veces, lo acepto constante, al cielo gracias doy y una lágrima oferto a mi Dios por elegirte para mí.

Me asombras conociendo mi principio y mi fin, mi abismo, mis profundidades, mis latitudes, mis sueños, mis ambiciones, mis límites y cada minúscula vicisitud de mi vida; con todo y eso dices que me amas y yo lo siento… te siento.

De amor y otras cosas disímiles siempre en tu mirar, en lágrimas y sonrisas. Constante delato en el silencio.

Mis pies, mis manos y mi corazón... eres tú.

Tú y yo no sólo palabras.

Te amo, mamá.

J.C.

jueves, 1 de mayo de 2008

Mi pasado más presente...



En la tierra sólo hay un regalo divino: ser niño. Días atrás cumplí mi primer cuarto de siglo. Reconocer mi edad me hace volver atrás. Estampas furiosas recorrieron mi mente y volví a vivir lo que sin darme cuenta se traduce en ayer.

De allá rescato a Papá Carlos en el jardín de la casona creando con sólo un serrucho, clavos y madera artesanías casi ilusorias; regaba los alcatraces, podaba los arbustos y admiraba el escandaloso aretillo que rodeaba magnífico al árbol de durazno.

En el escenario nacían igual unos chilitos y limones, tan contentos como las rosas y las bugambilias; sin dejar de embellecer el escenario con extraordinarios colores, un nervioso colibrí situaba su nido en la hiedra, cerca del dulce del aretillo, para cualquier inesperado momento de hambruna.

De vez en vez aquel hombre capitalino, pero de sangre caliente, sacaba de la cocina las tortillas, salía al patio, extendía una servilleta enorme de mexicanísimos colores y ponía una a una las tortillitas al sol, pa´ una buena sopa o pa´ los exquisitos chilaquiles.

Al interior de la casa se respiraba el vapor del guisado, siempre perfecto, que hacía Mamá Tere –constantemente con la supervisión de su exigente, energúmeno y amoroso marido que la agobiaba con la sazón del caldo–.

- Ponle esto, ponle aquello, quítale ahí, trózale allá, apaga, prende, sirve.

Igual se molestaban que se encontentaban del segundo dos al tres.

Siempre ahí, entre una escena y otra, estaba yo. Minúsculo sujeto feliz de adentro hacia afuera y de arriba para abajo. Ayudaba a pasar los utensilios de cocina, a meter las tortillas, a sujetar el martillo, o simplemente a platicar en los escalones del jardín mientras Papá Carlos leía hoja por hoja el periódico del día…

Así fue mi terruño querido con mis bisabuelos.

… Ansioso, mientras tanto, esperaba a comer a mis padres, mi abuela y mi hermano mayor que regresaban a casa felices y exhaustos. A la entrada sin falta, como tarea, me regalaban, a boca llena, palabras y sonrisas invaluables, perfectas, imposibles de borrar.

Regresando del viaje al pasado, hoy tengo a mi sobrino que representa ese pasado más presente que nunca. Le agradezco que me vuelque loco de alegría, que me recuerde que estamos vivos, que somos frágiles, que tenemos la facilidad de crear cuanto seamos capaces de imaginar y transformar cada cosa que llegamos a tocar.

A mi pasado más presente que nunca.


J.C.


miércoles, 30 de abril de 2008

¡¡¡ Manolo !!!


El dueño de:
mis sonrisas, mis preocupaciones, mis alegrías, mis quincenas.
Mi razón:
de ser, de pensar, de actuar, de soñar, de vivir.
¡¡¡A ti mi hermoso hijo en el día del niño!!! jajajajaaa...

lunes, 21 de abril de 2008

¡¡¡Pachangón J.C. 2008!!!


Mis queridísimos lectores:

…Pues sí, otro año más trastoca mi juventud jajajajajaa… Ni modos ¡a celebrar el primer cuarto de siglo! Uyyy…

Hoy se hace presente la sobriedad de la invitación al “Pachangón del mal 2008” que se celebrará en honor a su servilleta el próximo 25 de abril del año en curso en la Palapa “Las Galeras”, ubicada en Carretera los González Km. 5.2. Croquis aquí presente. No hay pretextos.

Recomendaciones:

1.- Como ya es tradición no imaginen que voy a mantenerlos, cada quien lleva su: “loche”, su guardadito, pa´ que me entiendan su “itacate pál guateque”. Al igual que sus chelitas, sus gracielas, chescos, tequilitas y de más bebidas refrescantes y/o embriagantes.


2.- A la salida de la fiesta nomás se regresan con cuidado a sus casas y de más lugares de pernoctación (¿pa´ qué especificar?).

3.- No falten, sería un grave error jajajajajaa… O como dicen en Espacio Televisa: sería una lástima no estar ahí jajajjajajaa… En fin, allá nos vemos.

Un abrazo.

J.C.


miércoles, 16 de abril de 2008

Honor a quien honor merece…


(Reflexión solicitada por “la amiga”)

“Pendejo” no es el adjetivo más propio del Diccionario de la Real Academia Española, sin embargo su significado salta a la inmediatez de su pronunciación, por lo menos para la mexican people. Tan intensa y popular es la palabra que si no fuera por la dificultad en su articulación los niños de México aprenderían a decirla, incluso antes que “mamá”. Leamos su(s) significado(s):

Pendejo.
(Del lat. *pectinicŭlus; de pecten, -ĭnis, pubis).
1. m. Pelo que nace en el pubis y en las ingles.
2. m. coloq. Hombre cobarde y pusilánime.
3. m. coloq. Hombre tonto, estúpido.
4. m. And. Especie de calabaza.
5. m. vulg. Arg. y Ur. Chico, adolescente.
6. m. despect. coloq. Cuba. Persona cobarde.

He aquí algunos ejemplos:

–¡Pendejo!– De vez en cuando se autonombran, hombres y mujeres por igual, al darse un porrazo en el pie con la base de la cama en las mañanas.

–¡Pendeja!– Gritó el intolerable esposo a su histérica cónyuge cuando le manchó el traje con la tacita de café.

–¡Fíjate pendejo!– Amenaza el amoroso padre de familia por la mañana a un "honorable" y atrevido microbusero.

–¡Por pendejos!– Arremete el jefe contra sus subordinados por la mala decisión que contraría las políticas de calidad de la planta.

–¡Pendejín!– Saluda el tío amabilísimo, con amplia sonrisa, al sobrino en un clásico domingo futbolero en casa de la abuela.

–¡Ay, pendejo!– se recrimina el carpintero a sí mismo por el martillo que visitó a su dedo, ahora morado.

–¡¿Pendejo quién?!– Pregunta sarcástica la teacher a sus alumnos, en un no muy buen día, descontrolada.

–¡Es una pendejadota, weeeeey!– La amiga sorprendida por la cosota… (la que tu quieras pensar).

–¡Pendejo (a)!– Se reprocha el solterón(a) cuando se cacha pensando en la persona incapaz de voltearlo(a) a ver.


En fin, para nosotros, la pelusa mexicana, el uso y la costumbre de la palabra hacen de nuestra vida una paleta de colores finos y corrientes (más de unos que de otros). Lo realmente bello del asunto es la amplitud de la palabra “pendejo(a)”, desde la perspectiva del significado porque, aunque no lo crean, es una palabra noble y ausente de la discriminación, ¡así como lo leen! Igual se escucha en albañiles que en políticos (bueno, sin ofender a los albañiles); en abogados y en teachers como en choferes e intendentes; da lo mismo intelectuales que cantineros (comoquiera es casi lo miso), etc… La lista no la busquen, no tiene fin, porque tampoco distingue: edad, sexo, raza, color, ni clases sociales. Cualquiera que sea el contexto, la picaresca palabrota se hará presente.

¿Despectivo o no? Sólo las circunstancias y la fonética, es decir, el matiz en la voz del sujeto lo determinará. (Pero ¡cuidado!, ponte atento si alguien realmente ofensivo te quiere decir “pelo que nace en el pubis”, eso realmente dolería).

¿Y tú eres un “…*ndejo” casual, uno de closet o uno insuperablemente constante?

De algo estoy seguro, todos lo somos, lo fuimos o lo seremos alguna vez, así que no te hagas uno(a) de ellos(as) y acéptalo…


A “la amiga”: misión cumplida.

lunes, 7 de abril de 2008

No hay derecho Chata…



Tu-tu-tu-tú, tu-tu-tu-tú, tu-tu-tu-túúúú... Mi enemigo matutino se hacía presente: mi celular en modo de "alarma", a las 8:00 am. Extrañamente no me sorprendió el estruendoso sonido, ni la almohada babeada, ni los párpados sellados uno a otro; sino mi primer pensamiento, mi primera idea, mi primera imagen. ¿Por qué? Porque fue para ti.

Desperté tratando de ignorar (te), de bloquear tu voz, de borrar tu foto de mi.

- ¡Buen día madre! – Saludé.

Entré a la ducha a rastras, me vestí (recomendación si visitas Saltillo), desayuné y partí rumbo a la "Sultana del Norte" para recoger mi cámara fotográfica que andaba en "afinación" con su distribuidor autorizado. ¡Bah! No había de otra, o le quitaban la arena de las Dunas de Bilbao o le daba en la torre a mi apenas estrenada cámara. Por supuesto la garantía, ni en sueños, cubría mi estupidez.

Finalmente, recuperada, regresó mi tesoro (la cámara) a mis manos. Después de $1,500 simpáticos pesos. Buena lección, ¿no?

Sin preocupaciones sabatinas tomé el "medio-metro" de Monterrey, de Mitras a la estación Cuauhtémoc, trasbordé de Cuauhtémoc a Padre Mier y llegué al Centro de Monterrey. Subí las escaleras y me encontré con una postal: el imperio Sears en contraste con toda la zona popular comercial de la ciudad. Caminé y caminé hasta que me perdí en las lechugas, las zanahorias y los limones del mercado.

Tomé el camino de regreso y pensé en ir, mejor, a una plaza comercial que no conflictuara más mi mente con ruido, olores, las masas y el calor. Quería hacerle un regalo a mi sobrino y no encontraba el perfecto. Para ahorrar y conocer el movimiento citadino tomé el colectivo que decía en su rectángulo verde "Túnel" (por recomendación de una señora abochornada por el calor, o la edad, yo qué sé; qué me importa).

Arriba del "túnel"... ¡Maaaala idea! El homo-stúpidus choferius manejaba su microbús como a su estupidez -acelerad@-. Pero más estúpidos nosotros los ciudadanos por permitirlo.

- En fin, quedé en no conflictuarme más; con tu perfume en la mañana fue suficiente. - Pensé.

La fachada en 20 minutos de trayecto se transformó. Al bajar me alcanzó una guapa y amable regia que me indicó el camino. Agradecido me despedí y continué en dirección. Por la entrada: lujosos carros en el estacionamiento, los espléndidos perfumes de las mujeres que se contoneaban, elegantes y sonrientes bebés de "buena familia" y padres orgullosos de su ajuar.

¿Por qué fuimos creados en contraste, con ambigüedad y ambivalencias?, ¿por qué tener que elegir entre melón y sandía?, ¿por qué resolver entre el ying y el yang?

- ¡Oh! Encontré lo que buscaba, no muy convencido, pero lo encontré.

Es tarde, tengo que dormir. Ya no estoy extrañado, ahora realmente estoy preocupado... porque sigo y no dejo de pensar en ti...

lunes, 31 de marzo de 2008

Cáncer de fe.


Mi padre siempre fue un gran devoto de Dios, pienso que él rezaba más que el Papa ¡es enserio! Llegó a lastimarse las rodillas de tanta oración.

Mis hermanos y yo tuvimos una infancia llena de alegrías junto a mis padres, auque nada común a la de los niños que nos rodeaban. Jugábamos con una bella ciudad que mi padre había construido con cera y cabezas de garbanzo, aprendimos latín y leíamos cuentos que ningún otro niño “normal” leía en las tardes o escuchaba por las noches.

Entre una de tantas cosas mi padre nos enseñó a mis 5 hermanos y a mí a creer en Dios: en su palabra, en sus acciones, en su grandeza… Inevitablemente éramos católicos modelos por formación y convicción.

Aunque no fuimos los niños más sociales del mundo, por nuestras características “raras”, lo que más recordamos es haber sido muy felices. Todo fue así hasta hace veinte años, cuando le diagnosticaron a mi madre el peor tipo de cáncer en la piel, nunca antes visto en México.

Soy la mayor de 6 hijos, me correspondían todas las decisiones a lado de mi padre. Fue demasiado peso, demasiado dolor. Comprendí que en el mundo estamos solos. Nos abandonó mi propia familia: tíos (as), primos (as), hasta la hermana de mi madre, amigos, y por si fuera poco, también Dios, aquel Dios al que acostumbrábamos a invocar.

Todos los días le suplicaba un milagro al Señor: que ya no tuviera fiebre, que ya no vomitara, que no se le cayera la piel, que no sintiera dolor; y en mi desesperación le rogaba un milagro que la salvara. Pero Dios no me escuchó, no me quiso escuchar… o no existe. Nunca entendió que no le pedía para mí, sino para mi madre.

Es inhumano tener que cortarle a tu propia madre trozos de piel seca que se le despegaban como escamas, de lo contrario se le enterrarían y sería más intenso el dolor. Todo su cuerpo quedó en carne viva; los vestidos, las batas, las sábanas, las colchas, todo se le pegaba, ninguna crema era suficiente.

Para mi madre fueron 5 años de aguantar un dolor físico interminable, constante, persistente. Y un inmenso dolor psicológico-emocional para mis hermanos, mi padre y yo. No sé porqué ella aguantó tanto daño, seguramente sus ganas de vivir.

Mi mamá fue una mujer bellísima, ya no la puedo recordar así. Hice todo por salvarla, y cuando digo todo es todo: quimioterapia y medicina especializada, medicina naturista, homeopatía, le pedí a Dios y hasta visitamos brujas. Nadie pudo hacer nada.

Con cinco años de padecimiento, un buen día, después de 5 años murió. A partir de su muerte jamás volví a llorar. Me dediqué a investigar todo sobre teología, y me di cuenta que era una tonta. La única religión que tenía milagros era la católica.

Que nadie me hable de fe, de designios divinos, ni de nada con carácter de resignación. Nadie tiene derecho de hacerlo hasta no sentir lo que viví con la mujer que más amé en la vida.

Dejé de creer en Dios, porque no tuvo compasión de mi madre. Lo que Jesús sufrió no tiene comparación con lo que le sucedió por cinco años a ella. Ahora que lo tengo enfrente, en este bellísimo templo de San Juan, lo veo en la cruz y me atrevo a decirle:

– Ese no es dolor, dolor lo que sintió mi madre, tú estás en la cruz, y tienes piel.