
Tu-tu-tu-tú, tu-tu-tu-tú, tu-tu-tu-túúúú... Mi enemigo matutino se hacía presente: mi celular en modo de "alarma", a las 8:00 am. Extrañamente no me sorprendió el estruendoso sonido, ni la almohada babeada, ni los párpados sellados uno a otro; sino mi primer pensamiento, mi primera idea, mi primera imagen. ¿Por qué? Porque fue para ti.
Desperté tratando de ignorar (te), de bloquear tu voz, de borrar tu foto de mi.
- ¡Buen día madre! – Saludé.
Entré a la ducha a rastras, me vestí (recomendación si visitas Saltillo), desayuné y partí rumbo a la "Sultana del Norte" para recoger mi cámara fotográfica que andaba en "afinación" con su distribuidor autorizado. ¡Bah! No había de otra, o le quitaban la arena de las Dunas de Bilbao o le daba en la torre a mi apenas estrenada cámara. Por supuesto la garantía, ni en sueños, cubría mi estupidez.
Finalmente, recuperada, regresó mi tesoro (la cámara) a mis manos. Después de $1,500 simpáticos pesos. Buena lección, ¿no?
Sin preocupaciones sabatinas tomé el "medio-metro" de Monterrey, de Mitras a la estación Cuauhtémoc, trasbordé de Cuauhtémoc a Padre Mier y llegué al Centro de Monterrey. Subí las escaleras y me encontré con una postal: el imperio Sears en contraste con toda la zona popular comercial de la ciudad. Caminé y caminé hasta que me perdí en las lechugas, las zanahorias y los limones del mercado.
Tomé el camino de regreso y pensé en ir, mejor, a una plaza comercial que no conflictuara más mi mente con ruido, olores, las masas y el calor. Quería hacerle un regalo a mi sobrino y no encontraba el perfecto. Para ahorrar y conocer el movimiento citadino tomé el colectivo que decía en su rectángulo verde "Túnel" (por recomendación de una señora abochornada por el calor, o la edad, yo qué sé; qué me importa).
Arriba del "túnel"... ¡Maaaala idea! El homo-stúpidus choferius manejaba su microbús como a su estupidez -acelerad@-. Pero más estúpidos nosotros los ciudadanos por permitirlo.
- En fin, quedé en no conflictuarme más; con tu perfume en la mañana fue suficiente. - Pensé.
La fachada en 20 minutos de trayecto se transformó. Al bajar me alcanzó una guapa y amable regia que me indicó el camino. Agradecido me despedí y continué en dirección. Por la entrada: lujosos carros en el estacionamiento, los espléndidos perfumes de las mujeres que se contoneaban, elegantes y sonrientes bebés de "buena familia" y padres orgullosos de su ajuar.
¿Por qué fuimos creados en contraste, con ambigüedad y ambivalencias?, ¿por qué tener que elegir entre melón y sandía?, ¿por qué resolver entre el ying y el yang?
- ¡Oh! Encontré lo que buscaba, no muy convencido, pero lo encontré.
Es tarde, tengo que dormir. Ya no estoy extrañado, ahora realmente estoy preocupado... porque sigo y no dejo de pensar en ti...
Desperté tratando de ignorar (te), de bloquear tu voz, de borrar tu foto de mi.
- ¡Buen día madre! – Saludé.
Entré a la ducha a rastras, me vestí (recomendación si visitas Saltillo), desayuné y partí rumbo a la "Sultana del Norte" para recoger mi cámara fotográfica que andaba en "afinación" con su distribuidor autorizado. ¡Bah! No había de otra, o le quitaban la arena de las Dunas de Bilbao o le daba en la torre a mi apenas estrenada cámara. Por supuesto la garantía, ni en sueños, cubría mi estupidez.
Finalmente, recuperada, regresó mi tesoro (la cámara) a mis manos. Después de $1,500 simpáticos pesos. Buena lección, ¿no?
Sin preocupaciones sabatinas tomé el "medio-metro" de Monterrey, de Mitras a la estación Cuauhtémoc, trasbordé de Cuauhtémoc a Padre Mier y llegué al Centro de Monterrey. Subí las escaleras y me encontré con una postal: el imperio Sears en contraste con toda la zona popular comercial de la ciudad. Caminé y caminé hasta que me perdí en las lechugas, las zanahorias y los limones del mercado.
Tomé el camino de regreso y pensé en ir, mejor, a una plaza comercial que no conflictuara más mi mente con ruido, olores, las masas y el calor. Quería hacerle un regalo a mi sobrino y no encontraba el perfecto. Para ahorrar y conocer el movimiento citadino tomé el colectivo que decía en su rectángulo verde "Túnel" (por recomendación de una señora abochornada por el calor, o la edad, yo qué sé; qué me importa).
Arriba del "túnel"... ¡Maaaala idea! El homo-stúpidus choferius manejaba su microbús como a su estupidez -acelerad@-. Pero más estúpidos nosotros los ciudadanos por permitirlo.
- En fin, quedé en no conflictuarme más; con tu perfume en la mañana fue suficiente. - Pensé.
La fachada en 20 minutos de trayecto se transformó. Al bajar me alcanzó una guapa y amable regia que me indicó el camino. Agradecido me despedí y continué en dirección. Por la entrada: lujosos carros en el estacionamiento, los espléndidos perfumes de las mujeres que se contoneaban, elegantes y sonrientes bebés de "buena familia" y padres orgullosos de su ajuar.
¿Por qué fuimos creados en contraste, con ambigüedad y ambivalencias?, ¿por qué tener que elegir entre melón y sandía?, ¿por qué resolver entre el ying y el yang?
- ¡Oh! Encontré lo que buscaba, no muy convencido, pero lo encontré.
Es tarde, tengo que dormir. Ya no estoy extrañado, ahora realmente estoy preocupado... porque sigo y no dejo de pensar en ti...